Nos pasaba una y otra vez: terminábamos un libro con unas ganas enormes de comentarlo y no teníamos con quién. Mientras tanto, ese mismo libro se quedaba en una estantería, esperando a que alguien lo prestara.
Las bibliotecas son maravillosas, pero tienen límites. Las librerías son estupendas, pero los libros solo viajan en una dirección. Las redes sociales son... las redes sociales. Queríamos algo más sencillo: una forma de ver qué lee la gente de nuestro entorno y quizá pedir prestado ese libro que llevamos tanto tiempo buscando.
Así que lo construimos. Sin capital riesgo, sin growth hacking, sin «disrupción». Solo una herramienta para lectores, hecha por lectores.
Solo funciona si la gente la usa. Ahí es donde entras tú.